viernes, 20 de mayo de 2011

Réquiem por una ciudad joven


En la Bogotá de 1960 Usaquén era Usaquén, Soacha era Soacha, y el Tercer Puente era el tercer puente y hasta allá no llegaban sino las flotas. Por el resto de la ciudad circulaban unos buses ruidosos y ruinosos, siempre llenos hasta los topes, y los trollleys, que iban por la carrera 24 y que ya entonces parecían dinosaurios. Solo los colegios más tradicionales de la burguesía (el Gimnasio Moderno, el San Bartolomé o el Francés) seguían quedando en la ciudad, y la mayoría se había trasladado a las afueras, condenando a los niños bogotanos del futuro a largos trechos en bus de ida y vuelta, por entre baldíos y campos. Los muchísimos niños de las clases más bajas se transportaban como podían, cuando los padres tenían la suerte de hacerse a uno de los escasísimos cupos en las escuelas públicas. También eran horriblemente escasas las líneas de teléfono, las redes de acueducto y alcantarillado, las camas en los hospitales; y de los policías de tráfico, ni hablar; pero esa era una suerte, porque su función casi exclusiva era sobornar a los miembros de las clases más pudientes y hostilizar a los miembros de las clases más pobres.
Había plazas de mercado, y marchantas con delantales sucios, generalmente proveídas por campesinos, hombres de ruana y sombrero. La gente de bien los despreciaba ("indio" era un insulto común, e incluso "zambo"), y también despreciaba a los provincianos que invadían la ciudad de los cachacos a sabiendas de que solo en la capital podían prosperar económicamente.
La política ya empezaba a ser un oficio desprestigiado, pero los bogotanos todavía se solazaban recordando que al negro Gaitán le habían negado la membresía del Jockey Club. "El negro ha permanecido en una perpetua infantilidad y goza del don de mentir", explicaba el dirigente conservador Laureano Gómez en 1928. "La raza indígena, raza de salvajes, presenta una completa indiferencia por la vida nacional y vive resignada a la miseria y la insignificancia. Del mestizo tampoco se puede esperar mucho porque en él se agudizan las aberraciones psíquicas de las razas genitoras. El mestizo es falso, servil, abandonado y repugna todo esfuerzo y trabajo." Los blancos de la capital creían que eran blancos, y se referían con mucha sorna a la gente de tierra caliente (incluso a la gente bien de tierra caliente). Hablaban de Europa: se querían vestir como ingleses y pronunciaban a la perfección las erres guturales de los franceses, pero se operaban en Huston. Y aunque su nivel cultural nunca fue sobresaliente, se preciaban de ser nativos de la Atenas sudamericana.
En 1938 Bogotá tenía 330 mil habitantes y en 1960 casi dos millones, un crecimiento explicable por la explosión demográfica y social que ocurrió en todas las ciudades latinoamericanas después de la Segunda Guerra Mundial. Pero la clase dirigente parecía creer que la ciudad era la misma que a finales del siglo XIX, con 40 mil habitantes, y su idea de la solidaridad social se limitaba a su círculo íntimo de familia y amigos: para ellos sacaban la vajilla fina y organizaban cenas y bailes, a veces en sus casonas, a veces en sus exclusivos clubes. El resto de la ciudad, entretanto, se movía imparable hacia adelante, en medio del creciente malestar por una sociedad que seguía aparentando una jerarquía pétrea pero que en realidad se desmoronaba.


En 1993 Antanas Mockus se bajó los pantalones frente a 500 estudiantes en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional (universidad de la cual era rector), y con ello silenció sus chiflidos y captó su atención. Dos años después fue elegido alcalde de Bogotá cuando ya la ciudadanía parecía lista para entender que la única forma de convivencia ciudadana suponía dejar las rígidas jerarquías que hasta entonces habían dominado y exigían una nueva forma de solidaridad social, de sentido de pertenencia común. A finales del siglo XX Bogotá se convirtió por fin en una ciudad del presente, en la que todos los habitantes, conscientes de las inmensas dificultades de funcionamiento de una ciudad, parecían dispuestos a hacer su parte en aras del bien común. Este bien común vino acompañado de su propio lenguaje: mimos, cebras, respeto, ciclovías, transmilenio... red de bibliotecas públicas, rumba en la Primero de Mayo, salsa bogotana. En la calles había sol y se oían risas, las estiradas muchachas bogotanas empezaron a vestirse como calentanas, la bulla urbana se extendió hasta la madrugada, la ciudad se volvió de todos.


Pero esta maravillosa primavera duró poco y Bogotá se convirtió de pronto en una ciudad del futuro, una ciudad helada, derruida, habitada por replicantes. Los casi ocho millones de bogotanos de hoy circulan por entre bretes flanqueados de tela verde, tras los cuales no hay más que barro. Esa tela verde nos robó las horas de ocio, que ahora pasamos yendo hacia el trabajo en buses atestados (o en busca de trabajo, en buses menos atestados). Y nos robó también, y eso es lo peor, los espacios públicos: los exteriores, por los que podíamos caminar o montar en bicicleta al lado de otros miles de bogotanos, y los interiores, que nos obligaban a parar antes de pisar la cebra o a botar los papeles en las canecas. 

Muchos de nosotros nos abstendremos de votar por el Polo en las próximas elecciones, pero el daño ya está hecho. Nuestro flamante partido de izquierda (al parecer, otra falsa primavera) una vez más nos obligó a ver lo obvio: el tejido de la civilización es precario, es efímero, y un país en guerra no se merece otra cosa que una capital en guerra.
 






lunes, 9 de mayo de 2011

[Políticamente] correctos

(Información tomada de El País, The Guardian y Le Monde)

Porque es muy duro
pasar
el Niágara
en bicicleta.
Juan Luis Guerra 


Los hechos
A boat carrying 72 passengers, including several women, young children and political refugees, ran into trouble in late March after leaving Tripoli for the Italian island of Lampedusa. [...]
Sunday 8 May 2011 21.30 BST

Los hechos
La barcaza salió de Trípoli el pasado 25 de marzo cargada con 47 etíopes, siete nigerianos, siete eritreos, seis ghaneses y cinco sudaneses. De ellos, 20 eran mujeres y dos niños, uno de tan solo un año de edad.
Bruselas / Madrid / París - 09/05/2011

¿Los hechos?
This year's political turmoil and military conflict in north Africa have fuelled a sharp rise in the number of people attempting to reach Europe by sea, with up to 30,000 migrants believed to have made the journey across the Mediterranean over the past four months. Large numbers have died en route; last month more than 800 migrants of different nationalities who left on boats from Libya never made it to European shores and are presumed dead.

Los hechos
All but 11 of those on board died from thirst and hunger after their vessel was left to drift in open waters for 16 days.
Sunday 8 May 2011 21.30 BST

Los hechos
El Ejecutivo pide hoy al Parlamento, por tercera vez desde la aprobación de la Ley Orgánica de la Defensa en 2005, autorización para la participación española en una intervención militar en el extranjero, en este caso en Libia, para garantizar una zona de exclusión aérea, acordada por el Consejo de Seguridad de la ONU.
22/03

Los hechos
Western allies unleashed a ferocious series of air and missile strikes against Muammar Gaddafi's military as they mounted Operation Odyssey Dawn, the biggest assault on an Arab regime since the invasion of Iraq in 2003.
Sunday 20 March 2011

Los hechos
All but 11 of those on board died from thirst and hunger after their vessel was left to drift in open waters for 16 days.
Sunday 8 May 2011 21.30 BST

Los hechos
El director de Habeshia afirma que en estos tres meses desde que se inició la guerra libia, "han muerto ya más de 1.000 personas, en su mayoría somalíes y etíopes, tratando de alcanzar por mar las costas europeas". La cifra incluye el último naufragio, el de una barcaza que portaba cerca de 600 inmigrantes frente a las costas libias, el viernes pasado. Solo hubo 130 supervivientes.

¿Los hechos?
La OTAN niega que un portaaviones aliado dejara morir a 61 inmigrantes en el Mediterráneo.
Bruselas / Madrid / París - 09/05/2011

Los hechos
Died from thirst and hunger after their vessel was left to drift in open waters for 16 days.
Sunday 8 May 2011 21.30 BST

Los hechos
The boat's location was narrowed down to about 60 miles off Tripoli, and coastguard officials assured Zerai that the alarm had been raised and all relevant authorities had been alerted to the situation.

Los hechos
Aucun pays n'a admis avoir établi un contact avec le bateau d'immigrants indique le journal.
LEMONDE.FR | 09.05.11 | 12h25  •  Mis à jour le 09.05.11 | 13h30

Los hechos
Soon a military helicopter marked with the word "army" appeared above the boat. The pilots, who were wearing military uniforms, lowered bottles of water and packets of biscuits and gestured to passengers that they should hold their position until a rescue boat came to help. The helicopter flew off, but no rescue boat arrived.

Los hechos
Ningún país ha admitido haber enviado ese helicóptero, según el diario británico.
Bruselas / Madrid / París - 09/05/2011

¿Los hechos?
Según la investigación de The Guardian, el único portaaviones que operaba en la zona en esas fechas era el francés Charles de Gaulle, que participa en las operaciones para imponer la zona de exclusión en Libia,

Los hechos
Sur les soixante-douze passagers, neuf ont survécu.

¿Los hechos?
The Guardian has made extensive inquiries to ascertain the identity of the Nato aircraft carrier, and has concluded that it is likely to have been the French ship Charles de Gaulle, which was operating in the Mediterranean on those dates.

Los hechos
Une information démentie par l'état-major des armées. Contacté par Rue 89, une porte-parole affirme : "Nous n'avons pas croisé ce type d'embarcation. Nous nous serions évidemment portés à son secours. Nous ne sommes pas concernés. Il ne s'agit pas d'un bâtiment français."

Los hechos
Of the 72 migrants who had embarked at Tripoli, only 11 were still alive.

Los hechos
[El portaaviones francés Charles de Gaulle] no está bajo las órdenes del mando conjunto en Nápoles. Fuentes aliadas indican que París les ha asegurado que su buque insignia tampoco se encontraba en la zona.

¿Los hechos?
El régimen de Muamar el Gadafi utiliza a los miles de desesperados que buscan huir de la guerra civil en Libia como arma arrojadiza contra Europa, abriendo la mano y permitiendo la salida de inmigrantes en barcos en malas condiciones, según han denunciado el arzobispo de Trípoli, Giovanni Martinelli, y ACNUR.

Los hechos
"No había barcos de la OTAN en la zona", ha señalado Carmen Romero, portavoz de la Alianza, tras recabar información al mando de la operación en el cuartel general de Nápoles. "Sólo un portaviones, el italiano Garibaldi, estaba en alta mar por esas fechas, pero operaba a unas cien millas náuticas (unos 180 kilómetros) y no vio nada".

Los hechos
One of those died almost immediately on reaching land. Another survivor died shortly afterwards in prison, after Gaddafi's forces arrested the migrants and detained them for four days.

¿Los hechos?
Preguntado por EL PAÍS, el comandante de la Guardia Costera italiana de Lampedusa, Antonio Morana, afirma que no recuerda si su departamento recibió la alarma, pero en todo caso explica que la patera fue vista a 120 millas (220 kilómetros) al sur de Lampedusa, fuera de las aguas SAR (búsqueda y rescate) italianas y dentro de la jurisdicción libia, y que en esos casos, dice, "siempre damos el aviso a Roma, porque nosotros no podemos intervenir".

Los hechos
Ministers are to scrap the right of appeal for more than 80,000 relatives of British families who are refused visas to visit them each year, according to a leaked Home Office policy paper seen by the Guardian.
 guardian.co.uk, Monday 9 May 2011 12.16 BST

Los hechos
Le ministre de l'intérieur, Claude Guéant, a dévoilé, vendredi 15 avril, son objectif de réduction de l'immigration légale en France, annonçant vouloir faire passer "dans un premier temps" de 200 000 à 180 000 le nombre d'étrangers admis chaque année dans le pays.
LEMONDE.FR avec AFP | 16.04.11 | 09h18  •  Mis à jour le 16.04.11 | 17h26

lunes, 20 de septiembre de 2010

En la maleza

Everybody knows that the war is over
Everybody knows the good guys lost.
Leonard Cohen

La reciente campaña presidencial en Colombia que resultó en la elección de Juan Manuel Santos fue en realidad una larga discusión sobre la continuidad de Uribe en el poder: la continuidad física, primero, y después, cuando ya se descartó la posibilidad de una tercera reelección, la continuidad ideológica. Desde esa perspectiva, parecía que no importaba mucho quién fuera el sucesor, mientras fuera un heredero: tan era así que Andrés Felipe Arias fue un contendor serio a pesar de ser la figura política más ridícula del continente desde Dan Quayle y Sarah Palin. Nos pudo la vergüenza, sin embargo, y fue elegido en su lugar Juan Manuel Santos, de quien la oposición y los uribistas, cada quien por su lado pero por las mismas razones, murmuraban en voz baja que sería peor que Uribe.

Tenían razón: a lo largo de los dos meses que lleva en el poder, Santos ha logrado con éxito distanciarse de su antecesor a punta de golpes de estilo, dando pábulo a una  campaña de descrédito contra Uribe que ha sorprendido a todos pero en particular a sus seguidores, para quienes el uribismo no es una tendencia política sino una religión (obligado a hace profesión de fe, el senador Juan Lozano, del partido de la U, nos recordó hace unos días que "sabemos que [el presidente Uribe] obró con patriotismo, que defendió a Colombia, que se puso esa bandera de Colombia en el pecho para servirle a nuestro país").

En cuanto a los detractores... Los detractores expresamos nuestro contento con las buenas nuevas: las buenas nuevas son que la patria ya no está en pie de guerra contra Venezuela; que tampoco hay planes inmediatos de bombardear Ecuador otra vez; que el estamento judicial ya no es el enemigo; que sí hay víctimas de agentes estatales; que sí hubo chuzadas; que la tierra sí cambió de manos... Los detractores estamos tan contentos con la posibilidad de nombrar lo que Uribe había convertido en innombrable, que parece superfluo subrayar lo poco que ha cambiado y que cambiará el gobierno en los años por venir.

Suena insignificante. Casi confirma la acusación que hace poco lanzó María Victoria Uribe en la entrevista en La silla vacía sobre su trabajo imprescindible en el Grupo de Memoria Histórica.  "Este país puede ser muy light", dice en un momento dado. "Este es un país amnésico", asegura más adelante.

No es así. Creo, más bien, que este es un país derrotado, un país vencido que ha sido despojado de su voz. Circula en los medios de comunicación —que han reducido a sus receptores al consumo pasivo de ideas preconcebidas— un simulacro, una usurpación. Pero acaso, ¿Se puede defender y practicar la libertad de expresión allí donde se encuentran amenazadas las libertades individuales? [1]

Se oye también el ruido, un rugido más bien (y esas son las voces que María Victoria Uribe admirablemente recoge y registra), de quienes quieren contar pero no saben cómo ni a quién, de quienes quieren confesar, de quienes quieren, sobre todo, elaborar su duelo. Pero no se puede realmente elaborar el duelo cuando se carece de la libertad de narrar lo sucedido —y, al narrarlo, de dejarlo atrás, de olvidarlo—:

El derecho de decirlo todo, de escribirlo todo, de pensarlo todo, de verlo y de oírlo todo resulta de una exigencia previa, según la cual no existe derecho ni libertad de matar, de atormentar, de maltratar, de oprimir, de forzar, de hacer padecer hambre, de explotar [2].

No es un estado amnésico el que aqueja a este país: no es posible desentenderse del terror que no se puede nombrar. Es más bien un estado anestésico, que nos ayuda a tolerar el dolor de esas heridas íntimas que, infectándose secretamente, son causa de las peores barbaridades [3].

No se trata, sin embargo, de demeritar el legado del presidente Uribe, o de robarle el  mérito de haber cambiado a este país, en esencia a través del nada fácil expediente de silenciar unas cosas y de cambiarle los nombres a otras, de "haber extirpado de cuajo el eterno criterio de la verdad y de la mentira" [4]. La genialidad de Uribe consistió en reemplazar la dignidad perdida en la guerra con la solemnidad y el bombo, sustituir los últimos jirones de discusión —las palabras cansadas, agobiadas— con el impecable maridaje entre las fórmulas sonoras y vacías y el matoneo, y devolverle el brillo a la idea de patria, tan deslustrada, con la fórmula fácil de inventarse un país poblado de hombres buenos (como él), temporalmente invadido de bandidos ("apátridas") que tarde o temprano serán expulsados.

Tiene su gracia leer a Vargas Llosa, otro enamorado de las palabras hueras, refiriéndose a América Latina como un continente en donde reina apaciblemente la diversidad: "L’Amérique latine est une et multiple, et rien ne l’exprime ni ne la définit mieux que la bonne littérature", dice, como si viviera en otro mundo. Como si no supiera que sin la libertad de decirlo todo, una lengua se petrifica y se torna lenguaje estereotipado [5].

Así que por lo pronto el nuevo presidente de Colombia puede estar tranquilo: perdimos la voz en la maleza, y no nos queda la palabra.



NOTAS
[1] Raoul Vaneigem, Nada es sagrado, todo se puede decir. Melusina [sic], 2006. Los subrayados son míos.
[2] Ibíd.
[3] Ibíd.
[4] La cita es de Mi siglo. Confesiones de un intelectual europeo. Aleksander Wat se refiere, por supuesto, al comunismo. Acantilado, 2009.
[5] Vaneigem, op. cit.

lunes, 16 de agosto de 2010

La democracia y el espacio público

Estalla una bomba en Bogotá y la ciudadanía reacciona involucrándose masivamente en el juego del Whodunit que la bomba propone. ¿Las Farc? ¿Los narcotraficantes? ¿Los paramilitares? ¿Los militares? ¿El mismo Uribe, para advertirnos sobre lo que nos espera en un mundo sin él? Las especulaciones inútiles (llenas de humor o de drama, imaginadas hasta el último detalle o apenas dibujadas) absorben la energía social y política de la ciudadanía, impedida de crecer y desarrollarse en ningún otro espacio. La necia insistencia en resolver el acertijo cumple una función esencial: subrayar la desconfianza en las fuerzas policiales, su incapacidad para mantener la ilusión de seguridad, ilusión sin la cual la vida urbana deja de fluir hacia afuera, y se feudaliza, se repliega, se esconde en los ámbitos de la vida privada. El juego mismo es, por supuesto, la respuesta al misterio: los responsables del ataque son todos los actores involucrados en la contienda, pues a todos conviene la consecuencia más obvia, que es la desertificación del espacio público.

¿Para qué? El cuestionamiento de la representatividad sobre la cual se funda la democracia liberal ha hecho que gane importancia el espacio público como la arena donde se escenifican los intentos de la ciudadanía por participar activamente en la vida de su comunidad (o de su país): la política, ya lo dijo Hannah Arendt, nace en el entre-los-hombres; no forma parte de su esencia sino que "se establece como relación". Pero es fundamental crear los espacios y las ocasiones para que esta relación se establezca. (Tan es así que uno de los gobiernos menos democráticos que ha tenido este país montó ese simulacro de participación ciudadana que eran los consejos comunitarios —en realidad una recreación de los encuentros entre el señor feudal y sus siervos.)

Las marchas son apenas una de las posibilidades: tradicionalmente limitadas a la expresión de la protesta política por parte de grupos organizados pero excluidos del ejercicio del poder (los estudiantes, por ejemplo), las marchas han dejado de ser un pulso entre el Estado y sus opositores para convertirse en formas masivas de expresión del descontento con actores y sucesos diversos de la vida nacional (los secuestradores, por ejemplo). Pero hay muchas otras. De hecho, la simple colonización del espacio público es ya un comienzo de intervención de la ciudadanía en el devenir de su entorno. Crea, para empezar, la conciencia de la responsabilidad del espacio compartido, de su mantenimiento como un lugar limpio, por ejemplo. A partir de esa conciencia, surge naturalmente el interés por tomar parte en las decisiones que modifican dicho espacio: el ejemplo más reciente es el enfrentamiento entre los vecinos y la Ciudadela Comercial Unicentro por la construcción de una torre de oficinas en el lote, pero hay cientos de casos de intervención de la ciudadanía en decisiones que antes se tomaban entre los actores privados y las instancias de control de la ciudad.

La transformación que sufrió Bogotá en ese sentido es notoria, y aunque sin duda fue el resultado de la acción conjunta (aunque no necesariamente mancomunada) de los gobiernos municipales y de la ciudadanía, no ha sido una tarea fácil. Como lo señalaba Carolina Sanín en una columna reciente, esta es una ciudad sitiada por la suspicacia, en la cual el acceso a los espacios públicos está obstaculizado por toda clase de trámites que entorpecen el flujo urbano y enrarecen las relaciones.

No sé si sea más barato enviar un comando a un pueblo para expulsar o matar a sus habitantes, o poner una bomba más o menos inocua en una esquina cualquiera de una gran ciudad. Pero el resultado es el mismo: calles vacías y plazas desiertas, que son el escenario propio del totalitarismo; un escenario en el que los transeúntes son reemplazados por hombres armados que dicen cuidar de la seguridad (de mi seguridad), y que la ofrecen como el bien más escaso en el mundo moderno. Golpes como el de la semana pasada cumplen la función primordial de confirmar la necesidad de esos hombres armados, de sus perros con bozales y de las talanqueras que obligan al paseante a devolverse, a refugiarse en su espacio privado, y sustituyen la frágil pátina de la civilidad por el miedo y sus falsos apaciguamientos.  Solo eso puede nacer del vidrio roto.

viernes, 6 de agosto de 2010

Declaración de principios

"Cero tolerancia con la corrupción, pensar siempre en el servicio a la comunidad, cultivar el pluralismo y dar más de lo que la gente espera del Gobierno": es la declaración de principios del gobierno recién elegido en Colombia.
Suena bien, pero parece difícil de llevar a cabo sin la participación activa de la comunidad, desde siempre acostumbrada a las migajas del poder y relegada al papel de espectadora (de hecho los consejos comunitarios son una maravillosa puesta escena de esta forma de ejercicio del poder). 
Como abrebocas de la discusión, propongo esta entrevista con Julian Assange, de la cual extraigo una primera perla:
A way of nurturing victims is to police perpetrators.

martes, 20 de julio de 2010

Desfile del 20 de julio

Colombia celebró el bicentenario con un imponente desfile militar. Un desfile pavoroso, que nos obliga a enfrentar la realidad de la guerra que cotidianamente bregamos por dejar a un lado. Una guerra en la cual los miembros de este ejército que marcha con aires triunfales le ponen la mano a los ciudadanos injusta e impunemente.




Después del desfile militar, conciertos por todo el país: el ministerio de Cultura montará tinglados en Quibdó y en el resto del país, oiremos a Juanes (ellos en vivo, nosotros por televisión), y al otro día todo seguirá igual, aunque un poco más sucio (y la cultura seguirá siendo el recuerdo de un barco fantasma que remonta el Amazonas).

jueves, 8 de julio de 2010

El ansiado regreso de la hipocresía

Hubo quienes creímos que el nombramiento de María Ángela Holguín al frente de la cancillería colombiana nos iba a proporcionar un cierto alivio, al menos en ese frente: el permanente enervamiento de las relaciones con el gobierno venezolano, producto de la insaciable necesidad de confrontación de los presidentes de aquí y de allá, entusiasma a los machos de ambos lados de la frontera, los que solo se sienten vivos cuando los espolean, pero preocupa a la mansa mayoría. Finalmente, lo único que de verdad justifica la insistencia en la ficción de la identidad nacional y las fronteras patrias es la ilusión de poder vivir en paz con los vecinos. Y esa ilusión se sostiene, como lo sabe cualquiera que haya tenido vecinos, gracias a la hipocresía que debe regir todas las relaciones para que estas funcionen amablemente y sin tropiezos.

De eso precisamente se trata la diplomacia, que recurre a fórmulas, acuerdos y gestos que reemplazan el lomo erizado y los colmillos descubiertos. Pero al presidente Uribe no le parece bien así, y declaró ayer que la diplomacia colombiana "no debe regresar a las apariencias hipócritas", y que "lo que se necesita es una solución de fondo". Bermúdez apoya desde Brasil: si a Uribe no le gustan las apariencias, a su canciller no le gusta la retórica, el otro puntal de la diplomacia (definición wikipédica de retórica: técnica de expresarse de manera adecuada para persuadir al destinatario).

Las declaraciones de Uribe, que de pasada explican a posteriori el manejo errático y agresivo de las relaciones internacionales en los últimos años, son aterradoras, sobre todo a la luz de la consistencia exhibida por el presidente a lo largo de estos años. La consistencia, por supuesto, no es una garantía moral; y el empeño de insistir en una idea hasta sus últimas consecuencias puede ser increíblemente destructivo. Pero explica sin duda la fascinación que Uribe ejerce sobre sus seguidores: nada resulta más atractivo que un líder que no duda, que no se equivoca nunca, que jamás se debata en medio de ambigüedades. Y es que el presidente Uribe es genuinamente unidimensional: lo hemos oído blandiendo sus principios como armas contra los que disienten de fronteras para adentro, lo hemos visto señalar con el dedo acusador a los que no juzga dignos de pertenecer a su patria, a los malos. De fronteras para afuera, su obsesión plana genera, como ya lo hemos visto, el desmoronamiento de las relaciones económicas, perturbaciones y enfrentamientos, incrementos en el gasto militar.

El presidente electo opinó que sería conveniente que Chávez asistiera a su posesión, y algunos creemos que también sería sano volver a la vieja práctica de las apariencias y de la retórica. Pero el presidente Uribe ha dejado bien claro que él sigue siendo el dueño del micrófono y que no tolerará disidencias en su sucedáneo. Ya veremos hasta cuándo.